Allí va él, caminando por la calle. Su mirada perdida refleja la tristeza que abruma su cuerpo, y lo lleva a caminar sin rumbo. Con un cigarrillo en su mano derecha alimenta el odio. Se deja abrazar por el humo, y las cenizas van dejando el rastro de un crimen bien planeado. Su mente retorcida trabaja velozmente, elaborando así un plan, que atesora bajo llave en su interior. Reflejando tristeza fácilmente engañaría a cualquiera, pero si se fijan bien, podrán divisar una mueca vengativa que desempaña tanta melancolía.
23.9.10
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